Uno a uno, y también en grupo, los visitantes que se detuvieron en el stand de la Cámara de Comercio de Bogotá, el pasado 13 de diciembre, escucharon atentamente la presentación de mi colección y conversamos sobre sus impresiones al respecto. Fue grato escuchar expresiones como: ¡Qué imaginación tiene, nunca se me hubiese ocurrido que una joya pudiese contar tantas cosas! ¡Voy a volver a leer el libro porque hay muchas cosas que no recuerdo! ¡Yo quiero tener todos los broches! ¡Sus joyas están llenas de sentido! o ¡Me dieron ganas de llorar de la emoción!

Hubo personas que me dijeron, con algo de vergüenza: yo no he leído el libro, o lo leí por obligación o voy a intentar leerlo porque la primera vez me pareció difícil, o yo no entiendo por qué le hacen tantos homenajes a ese señor escritor.

Fue bello compartir con los asistentes el orgullo de ser conocidos en el mundo por nuestra literatura, la muy premiada, la que se ha comparado con el Quijote de la Mancha y es una satisfacción que mis piezas sean, para quienes las observan y las usan, una posibilidad de reconocer esta magia que somos.

Uno de los momentos que recuerdo con más emoción ocurrió casi terminando la jornada. Una jovencita escuchó con mucha atención mi presentación de los broches representativos de las siete generaciones  de la familia Buendía, mientras sus ojos se abrían cada vez más y, al final de mi relato, me dijo con una sonrisa de asombro: ¡Nunca me habían contado una historia tan emocionante! y agregó: ¡Tengo que leer ese libro!

Ese libro es Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, la inspiración de mi colección La literatura se lleva puesta y la historia es la de la familia Buendía, fundando, viviendo y terminando Macondo.

Recuerdo la conversación, con esa jovencita, de manera especial, porque me confirma que hablar de esta emblemática familia, nos conecta, nos hace sentir más cercanos, casi parientes y especialmente, muy colombianos.

Gracias a todos por sus palabras, por su atención, por su sonrisa, por sus compras, por sus ganas de tener todos mis broches, por esperar con expectativa todas las piezas de la colección y por compartir estas ganas de conversar y crear un país lleno de palabras que nos unan, como si fuesen broches.